domingo, 7 de mayo de 2017
lunes, 1 de mayo de 2017
M A N D A L A
Una de las prácticas para mí más impactantes del trabajo con
los Mandalas es la que realizan los monjes Budistas del Tibet (Khil-Khor,
palabra tibetana para mandala que literalmente significa “el centro y los
alrededores”, y que en ocasiones se traduce también como “círculo sagrado”).
Los Mandalas de Arena son una
tradición budista tibetana que simboliza la transición natural de las cosas. En
general, todos los mandalas tienen significados externos, internos y secretos:
en el exterior representan el mundo en su forma divina; en el interior, un mapa
mediante el cual la mente ordinaria puede transformarse en la experiencia de la
iluminación; y en el aspecto secreto muestran el perfecto balance primordial de
las energías sutiles del cuerpo y la dimensión de la clara luz de la mente. Se
dice que la creación de un mandala de arena purifica en estos tres niveles.
Los mandalas están hechos con arena de colores, antiguamente
para la preparación de los polvos se utilizaban piedras semi-preciosas, se
utilizaba el lapislázuli para el azul, los rubíes para el rojo, esmeraldas para
el verde, etc. En la actualidad se preparan con polvo de mármol teñido y en
ocasiones con fina arena blanca de playa.
Para realizar los mandalas con la arena, se emplea un cono de
cobre llamado chang-bu, el cual tiene ranuras en uno de sus lados y con una
varita delgada de cobre se frota suavemente para que la arena salga finamente
debido a la vibración. Esto permite crear dibujos pequeños, precisos,
delicados, dejando unos detalles increíbles y hermosos.
El inicio se da colocando la arena desde el centro
hacia el exterior, simbolizando que al nacer sólo somos una gota de
esperma y un óvulo, y vamos evolucionando hasta que el universo entero se
percibe a través de los sentidos. Cuando el mandala está terminado y llega el
momento de desmantelarlo, la arena se recoge de las orillas hacia el
centro, representando cómo al morir regresamos de nuevo a la fuente
primordial en el centro de nuestro corazón, además les ayuda a practicar
el desapego y a “no codiciar el resultado de sus actos”.
Cuando la construcción de un mandala de arena se termina, se
agradece, se hace una dedicación para la sanación del planeta y sus habitantes,
y al finalizar se recoge la arena cumpliendo con dos propósitos fundamentales:
primero, demostrar la impermanencia de los fenómenos (tarde o temprano todo se
termina y el apegarnos a lo efímero sólo nos trae sufrimiento); el segundo
propósito beneficiar a los demás con nuestros actos y por esa razón se reparte
una parte de la arena entre quienes presenciaron la ceremonia a manera de
bendición, mientras que otra parte de la arena se deposita en un recipiente
para transportar la arena para entregarla a un río, lago o mar, con la
intención de purificar el ambiente y a sus habitantes, y llevar esa
bendición a todos los rincones de la tierra.
Es un proceso hermoso y lleno de profundidad verdad?
Proceso de creación de un Mandala de arena con el Dalai Lama:
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